A lo largo de los años ha perdurado una creencia que establece que el movimiento de la cola de un perro asegura dicha en su presente. Algunas veces por ignorancia, unas por tradición y otras tantas por simplicidad o lisa falta de interés en explicar dicha pendulación. El leit motiv de este breve ensayo es demostrar la falsedad de aquella ancestral presunción: no sólo no es cierto que cuando un perro mueve la cola lo hace por felicidad, sino que se trata justamente de un hecho que manifiesta la disconformidad que el can tiene con el universo y su misteriosa confección.
A ningún ser vivo se le ocurriría manifestar su felicidad a través del movimiento de una parte de su cuerpo; a ningún ser vivo y mucho menos a un perro. Tengamos en cuenta que, desde el humano hacia abajo, estamos hablando de entes con capacidades mentales inferiores. En la espiral descendente del intelecto, el hombre se halla en la cúspide, y el perro más cerca de la cornisa inferior. Por otro lado, es bien conocida la fórmula que expresa que a menor inteligencia, mayor felicidad (I-n=F+n). Por ende, al ser un can una biología provista de mínima inteligencia, su dicha nada en abundancia. No obstante, no vemos al perro mover la cola con tanta asiduidad como la que debería, si la causa de aquel contoneo fuera la felicidad tal como se postula erráticamente. (más…)





